Un día mas y llegará el nuevo año; para este 2012, los “eruditos” en el
tema de predicciones y todo lo demás aseguran, por millonésima vez, que el mundo se acabará. Lo mismo aseguraban también allá por el año 2000, pero bueno… el ser humano en su afán de figurar y cuestionar lo científico versus lo divino, cosa que resulta siempre innegablemente interesante, llega a estas interesantes conclusiones que al final entretienen a unos y llegan incluso a aterrar a otros.
Este 2011 que se nos va se caracterizó por eventos políticos de trascendencia, por la búsqueda en el mundo de los derrocamientos de antiguas dictaduras, por muertes inesperadas, por fenómenos naturales devastadores, por eventos diarios de horror y muerte, homicidios, parricidios, fratricidios, por asesinatos monstruosos e inexplicables e incomprensibles, hasta ahora para mucho seres humanos.
Si el 2012 el mundo como tal dejara de existir, tal vez y el universo no pierda nada bueno, al menos a estas alturas de nuestra vida. Sin embargo existen aún personas con don de gente por las que considero que gracias a ellos el mundo aún sigue siendo mundo, y dicho sea de paso, nosotros aún seguimos existiendo.
¿Debemos entender el fin del mundo como la desaparición total del planeta tierra en el mapa del universo?, era lo que me preguntaba mientras veía en las noticias los “augurios” de aquellos que aseguran todo terminará el 21 de diciembre, y es que me resulta casi inconcebible de pensar que de un momento a otro todo aquello que denominamos planeta tierra deje de existir, por el simple hecho de que un muro lo tiene escrito o algún sabio de siglos atrás lo pronosticó así.
Al paso que vamos como seres humanos, me resulta más fácil pensar que si algo llegara a pasar para el 2012, más que la desaparición del mundo como tal, tal vez y lo que se llegue a acabar es la humanidad del hombre.
Tal es así, que lo presenciado este año a través de las noticas a nivel local e internacional solo nos hacen caer en cuenta de que algo anda mal con nosotros, el ser humano en el desarrollo de su potencial y de los medios necesarios para su desarrollo, incluidos en este último lo tecnológico, está llegando a un punto en el que no existen casi límites para hacer o dejar de hacer algo.
El uso positivo y negativo de la tecnología, así como los diferentes avances en las distintas formas de lucrar con la privacidad de la gente haciendo el mal, o dañando la integridad de las personas en cualesquiera de sus formas, además de las diferentes formas de crear y destruir que el ser humano está encontrando son nada mas la micro muestra de las cosas que, si bien es cierto a nivel humano nos están llevando por el camino de un desarrollo tecnológico y crecimiento agigantado, por otro lado, nos conducen también a la degeneración de los correctos modos y usos para los que originalmente fueron creados todos los aparatos tecnológicos hasta el día de hoy.
En cualquiera de sus manifestaciones, la destrucción del mundo se me hace imposible, es más factible que los eruditos se refieran al fin de la humanidad que no es otra cosa más que la forma de ”civilización” que el hombre está eligiendo para vivir. Si se tratara todo acerca de esto, es de esperarse que aquellos que vivimos aún bajo el concepto de humanidad y todas sus características permanezcamos aún con vida en un futuro muy cercano. Sin embargo, la otra cara de la moneda, es decir aquellos que en nuestro afán de crecimiento y desarrollo perdemos cualquier sentido de humanidad, estamos condenados simplemente a desaparecer de la faz de este planeta y ser olvidados en la eternidad o mal recordados si es que acaso alguien nos tuviera en su mente.
Estamos a tiempo aún de lograr muchos cambios, no pensemos en qué hacer para salvar al mundo del colapso, comencemos primero a cambiar nosotros mismos y convertirnos en una especie de virus transmisor de bondad y bienestar, hagamos que nuestra conducta tenga un efecto multiplicador sobre los demás y que sobre todo este año que recién comienza, sea un año de cambio real y positivo no solo para nosotros sino para todos aquellos que nos rodean.
Este año 2011 ha terminado, y el próximo que viene debe ser mejor, si considera que es el último en su existencia, viva intenso cada uno de sus últimos días en la faz de la tierra y haga las cosas que jamás haría sino supiera que fuera a morir, al final del año, se dará cuenta de lo rico que es vivir intensamente. Pero si está del lado cuerdo del asunto, considere que el nuevo año que se acerca debe ser un año de cambios, de transformación y sobre todo de superación y realización personal y espiritual. Éxitos en el 2012, un abrazo cálido y fuerte y muchas bendiciones para los próximos 366 días…
miércoles, 28 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
25 de Diciembre
Y más rápido que de costumbre se pasó la semana y celebraremos navidad. La noche del 24, lo más probable es que estemos reunidos en familia tratando de pasar un momento juntos, sobre todo de tranquilidad y unión. Que esta fecha sirva no solo para mantener un momento familiar sino también para darnos un respiro, tomarnos una pausa y reflexionar en todo aquello que durante el año ha sucedido. Recordemos a aquellas personas que nos acompañan desde mundos poco alcanzables e incomprensibles aún para nuestra imperfecta humanidad, recordemos a aquellos que tal vez y no tendrán la suerte o fortuna de tener a algún familiar a su lado, a aquellas personas que tal vez y pasen las fiestas laborando, a todas las personas que aquella noche mientras la comida se sirva y nuestra panza reviente luego por la gula navideña, no tendrán nada que comer, o en aquellos que haciendo el mayor esfuerzo posible, no logren si quiera la cuarta parte de lo que Dios y la vida misma se haya encargado de colocar en nuestras mesas, recordemos también que en una semana más, el año se nos va. Que el temido 2012 llega, y aunque UNA VEZ MAS digan que el mundo se va a acabar, nuestra vida tiene que continuar.
Hagamos que no solo esta fecha sea especial, hagamos de todos y cada uno de nuestros días algo especial, que cada día que pase realmente cuente, que los momentos en familia realmente sean eso, la excusa perfecta para estar con los seres humanos que la vida nos puso en esta vida.
Navidad, la excusa perfecta para perdonar, la excusa perfecta para olvidar , la excusa perfecta para hacer esa llamada a ese alguien, para enviar los mensajes de texto a media lista de contactos en el celular, la excusa perfecta para intentar pasar un día perfecto.
Desde este pequeño espacio, solo debo agradecer tener la oportunidad de dirigirme a usted por segundo año consecutivo en esta fecha tan especial, gracias también al Barbón (que como muchos saben es como suelo llamar a Dios), porque a él le debemos todo, porque a él le deberemos lo que tendremos esa noche y todas las demás que vendrán. Gracias a él también porque a fin de cuentas este día se conmemora el nacimiento de su hijo, razón y motivo suficiente de celebración universal, aunque la parte comercial sea muchas veces más considerada por nosotros mismos.
Este 25 de diciembre muchos irán a misa, muchos iremos a alguna fiesta, muchos dormiremos rebosantes por la gran faena navideña, muchos dormiremos con la pena de no tener a algunas personas a nuestro lado, muchos pensaremos en muchas otras cosas, otros simplemente no pensaremos en nada. Espero que esta fecha sea realmente, para usted, un encuentro con El Barbón, un encuentro en comunión con la familia pero sobre todo un reencuentro con nosotros mismos, con nuestro ser interior, con nuestras penas y alegrías, y sobre todo un día de pacto con nuestro yo interno para hacer de nuestra vida algo especial, para hacer de esa fecha algo diferente.
Escribir feliz navidad me suena tan simple, tan vacío, como cuando en un funeral gente desconocida te abraza y besa para decirte “mi sentido pésame”, cuando por dentro lo único en lo que estás pesando es en que nadie se acerque.
A todas aquellas personas que me conocen, a aquellas que no también, a todas las personas que de alguna o otra forma o medio lleguen a leer este escrito, simplemente, aprovechando y abusando una vez mas de esta fecha, les deseo la mayor de las alegrías para estas fechas, la sensación de satisfacción por el reencuentro con los suyos y con uno mismo, pero sobretodo espero logren encontrar en sus mentes y corazones el verdadero motivo del origen de esta fecha. Recibir regalos es muy bonito, pero habrá también quienes no recibirán nada. Un regalo material se acaba, un regalo físico lo podemos romper, lo podemos perder, lo podemos quemar, es mas puede que ni siquiera pase de la navidad.
Regalemos esta fecha especial, algo que jamás olvidaremos y que quedará grabado en nuestra novena conciencia, en ese arayashiki que nos hará recordarlo en todas nuestras reencarnaciones, regalemos amor, regalemos una sonrisa, regalemos un abrazo sincero, regalemos un beso, regalemos alegría, regalemos las palabras exactas a las personas indicadas, regalemos perdón, regalemos tranquilidad, regalemos paz, y sobre todo, regalémonos a nosotros mismos la capacidad de la auto felicidad.
Esta noche de 24 o mañana del 25, mientras los cohetes revienten, mientras los niños tengan sus luces de bengala, mientras los arbolitos artificiales brillen con las luces navideñas, mientras nuestro niño Jesús de yeso sea colocado en el “pesebre”, mientras nos abracemos, mientras cenemos, mientras festejemos, mientras estemos con nuestra familia, mientras hagamos lo que hagamos recordemos siempre que el ser humano es mezcla de alma y cuerpo, el cuerpo será saciado de alguna forma. Hagamos también que aquel día nuestro espíritu renazca en la alegría, se fortalezca en nuestra fe y sobre todo avancemos un paso más en nuestra trascendencia universal. Que tengan una noche buena, y que este 25 de diciembre sea para todos la excusa perfecta para demostrar nuestra capacidad y voluntad para hacer de nuestros días, en adelante, algo verdaderamente especial.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Reflexiones de diciembre
Diciembre 14, despierto y abro las cortinas de la ventana que dan al balcón de mi habitación, me asomo por ella y veo al “vigilante” dormido en su asiento, la gente pasando apurada por llegar al trabajo, los chicos con uniforme corriendo para llegar al “cole”, el lorito de alguien que hace meses se escapó y sorprende con su léxico nuestras mañanas, es diciembre de nuevo…
Las casas de la vecindad con sus arreglos navideños, no faltan las botas o coronas en las puertas, las luces artificiales simulando ser estrellas, los adornos diversos, desde ángeles, pasando por venados, una fauna navideña diversa, y “Santas”, en todas las presentaciones.
Me pregunto por qué tenemos la necesidad de llenar nuestros ambientes de esa forma, si, lo sé es navidad, se recuerda el nacimiento del niño Jesús y todo lo demás, viene a mi mente el pensamiento tonto y tal vez loco, del qué pasaría si por cada recordatorio del nacimiento de alguien, nosotros los humanos pusiéramos todo esta suerte de decoración poco típica en nuestras casas. A veces me parece tan bonito todo el asunto navideño, y a veces también me parece algo tan vano… tan vano como pasar por el centro de la ciudad y ver un montón de adornos bonitos embelleciendo, plazas, locales e incluso la iglesia, ver las luces de la navidad brillando en la cara de los indigentes que tuvieron la desafortunada idea de venir de algún lugar de la sierra para terminar pidiendo limosna tirados en la calle jalándote el pantalón para que les hagas caso y le des unos céntimos, tan vano como que aquellas organizaciones que piden colaboración para hacer el bien con la gente humilde, mientras están adornadas de artículos y objetos navideños, que tal vez cuesten más de lo que el buen corazón de muchos parroquianos pueda llegar a donar por estas fechas.
La efectividad comercial de estos días es un hecho, las personas en su mayoría pensamos en los regalos, en los que recibiremos y en los que entregaremos, todos hacemos planes para ese 24 de diciembre en el que esperaremos las doce de la noche o las cero horas del 25 de diciembre en una calurosa noche de verano, sentados con chocolate hirviente a la mesa, con tal vez algo de pavo, o pollo en algunos casos, y alguna que otra combinación de comidas que solo la gula navideña nos hará tragar.
Y nos pasamos el tiempo basados en la artificialidad de estas fechas, llenando nuestras casas con luces, para iluminar tal vez parte de nuestras tristezas, reventando cohetes para expresar alegría o simplemente por chacota, por hacer rabiar al vecino, por hacer correr a los perros, o por cualquier otro extraño motivo.
Llegarán las doce y los teléfonos se bloquearán como cada año, porque todo el mundo querrá saludarse al mismo tiempo, a la misma hora y por el mismo canal, muchos celebraremos, otros simplemente dormiremos o trataremos al menos. Usaremos nuestros mejores trapos ese día porque es navidad. Y porque en navidad “no puedes vestirte mal”.
Pasarla en familia si la tienes, sino, recordar esa noche de 25 cuántos seres ya no nos acompañan, o darte cuenta tal vez que no es que no tengamos familia, sino que somos nosotros los que ya no podemos estar con ellos por diversas causas y cosas. Saludar a cada conocido al día siguiente con un abrazo o de lejos deseando una feliz navidad a diestra y siniestra.
Las noticias del día “D” serán acerca de los borrachos que murieron por celebrar aquella noche, o de los niños que perdieron alguna parte de su cuerpo por jugar con los cohetes que no debieron si quiera tocar, o de alguna balacera que terminó matando a alguna persona inocente o culpable en esa fecha “tan especial”.
Y es que es todo tan predecible, tan de siempre, tan igual a todos los años, con variaciones mínimas pero que en conjunto terminan siendo la repetición de lo mismo. No puedo negar que es una fecha muy especial, pero tampoco puedo negar que desde mi punto de vista, es una celebración más de la banalidad a la que muchas veces nos sometemos por costumbres absurdas, traídas desde no sé donde e inventadas desde no sé cuándo y no se por quien.
Obviamente están también las personas que realmente recordarán el verdadero motivo de la conmemoración de esta fecha y no puedo decir nada al respecto, porque debo confesar que no me encuentro en ese grupo desde hace muchos años. En fin hay tiempo para reflexionar, aun queda una semana, después de todo en un solo segundo, la vida puede cambiarnos para bien o para mal, veremos que sucede este año hasta esta navidad…
viernes, 25 de noviembre de 2011
Carta…
¿Cómo vas?, espero que bien, yo por acá intentado seguir con mi vida como siempre, pues es lo único que queda. Debo confesar que estos días en los que tu ausencia me acompañó, no han sido nada fáciles, sin embargo y en contra de lo que yo pensaba, no fueron tampoco muy difíciles. Y es que en realidad he recordado en este tiempo que tu presencia, a pesar de tu corta cercanía, fue algo a lo que realmente nunca estuve acostumbrado, pero debo confesar que me hacía bien tenerte allí y saber que podía encontrarte a mi lado.
En este tiempo he recordado lo poco que hayamos podido vivir juntos y las experiencias que la señora vida nos ha regalado, experiencias cortas pero tal vez y algunas de las más intensas que haya vivido en mi nada divertida vida.
Quisiera hacer, a veces, una lista de tus errores y tus defectos pero creo no sería bueno, para mí que no puedo seguir perdiendo el tiempo pensando en lo no positivo que fuiste en mi vida, ni para ti que probablemente ni si quiera te importe lo que llegue a concluir.
Prefiero recordar los pocos momentos juntos, los pocos momentos de alegría plena, y los momentos vividos de angustia también, porque quiérase o no, fueron momentos vividos a tu lado y a tu lado es que he aprendido a vivir, a tu lado es que he aprendido a madurar, a tu lado es que he aprendido a no ser el mismo, a tu lado sé que he evolucionado, a tu lado sé también que he disfrutado, pero sobre todo sé que a tu lado he vivido.
Y es que tu ausencia me afecta, y cuesta reconocerlo, porque de alguna forma eres parte de mi vida o tal vez yo también de la tuya, afecta porque sé que vives, pero no te veo, porque sé tal vez y no te vuelva a ver hasta el día que tenga la certeza que hayas muerto. Hoy tiemblo al pensar en ese inevitable momento y espero tal vez que seas tú quien finalmente llegue a mi encuentro.
Tal vez y has hecho mucho daño, más daño del que realmente te imaginas, pero la distancia y el tiempo, dicen los sabios, que borra todo, que cura heridas, lamentablemente la piel no es perfecta y queda marcada con cicatrices de por vida. Marcas de vida, marcas de experiencia, marcas que nos auto infligimos con la torpeza digna de cualquier ser no humano, marcas provocadas por tu existencia, por tu presencia, por tu no sapiencia, por tu ignorancia y sobre todo por la importancia con la que mi alma considera tu existencia.
¿Habrá segunda chance?, no lo sé y es lo que, por el momento, menos me interesa. Quiero comentarte que no me gusta estar a distancia de tu alma, que tu ausencia, para mí, implica hoy aceptar que tengo un enorme vacío allí donde alguna vez estuviste tu, que contrariamente a la pena y malestar que sentía por eventos ajenos a nosotros, y a la esperada desesperación que auguraba iba a sentir, hoy estoy aquí tranquilo aunque no feliz.
Aunque no tenemos mucho en común, a pesar del lazo que nos une, hoy no me es difícil no saber de ti, aunque no quiera recordarte, estás en todos lados, estás en el celular, estás en aquellos mensajes tuyos que aún conservo, estás en mi facebook, estás en mi messenger, estás en mis sueños, y debo confesar que también en algunas de mis pesadillas, estás donde no quiero que estés, estás cada vez que cierro mis ojos, estás cada vez que me propongo dormir, estás cada día que trabajo, estás en todas y cada una de las cosas que hago y que no hago, tu imagen está enquistada en mi cerebro, en mi mente, en mi alma, en mis 9 conciencias en mis 8 sentidos en todo aquello que respiro y percibo.
Eres como un virus que mi cuerpo se resiste a eliminar, eres parte de mí a pesar de todo, porque la vida lo quiso así, porque yo no lo elegí y tú tampoco, porque la naturaleza sabia y anciana decidió hacer que nuestras almas se encontraran, que nuestras existencias se encontraran en esta reencarnación, en estas vidas, porque estoy seguro que Dios me puso en tu vida por algo, y te puso en la mía por la misma razón, porque sé que aunque pequeño tu aprendiste de mi tal cual yo aprendí, sigo aprendiendo y espero, con sentido masoquista tal vez, seguir aprendiendo de ti.
Hoy no estás a mi lado, y de hecho he pensado; creo que tampoco nunca lo estuviste, sin embargo debo confesar, que la distancia me hace recordarte, que cada vez que abro los ojos, pienso en ti y me pregunto qué te estará pasando, qué estarás pensando, qué estarás viviendo, qué estarás comiendo, qué estarás haciendo, qué estarás esperando, y a veces debo confesarlo, me pregunto si alguna vez regresarás a nuestro lado.
No debo ser más extenso, pues el espacio aquí a veces me resulta pequeño, y no es reclamo, es simplemente un “aclaro”. Me despido de ti deseando como siempre que seas muy feliz a tu manera, pidiéndote que recuerdes siempre que a pesar de todo estamos a un llamado de distancia, a un click de conversar, a un chat con cam de vernos, a distancia física sí, pero afortunados de vivir en el mismo planeta aún, de tener una vida material y física aún que nos permita sentir en un futuro, espero no muy lejano, el abrazo del otro, el corazón del otro palpitando junto al otro, los lados izquierdos de nuestros pechos tocando en un mismo son y juntos en sentido contrario. Espero tener la oportunidad de sentir tu alma latiendo una vez más, junto a la mía, no espero que esta carta llegue a tu corazón, simplemente se que la leerás y se quedará archivada en tu razón.Cuidate mucho...
sábado, 19 de noviembre de 2011
Mundo loco…
Un día común y corriente, pasaba por una vereda abarrotada de personas, y
un viejecito pasó a mi costado, mi instinto de buen ciudadano y la buena crianza recibida por mis padres me hizo ”cederle la vereda” al jorobado sujeto que pasaba por allí, de pronto un vehículo público conducido por un burro, pues de otra forma no se le puede llamar a semejante animal, con el perdón de todos los burros del mundo, pasó como a diez centímetros de distancia de mi cara, casi casi montado a la vereda.
Después de agradecerle al de arriba que mi “acto de generosidad” no haya terminado de forma fatídica, comencé a pensar, ¿si hubiera sucedido algo?, ¿habría valido la pena que a mi edad desaparezca de la faz del planeta por darle preferencia a la vida de una persona de más de ochenta años que ya vivió toda una vida y los más probable, dicho sea de paso es que tal vez y esté buscando no seguir mucho tiempo por aquí?
Seguí avanzando y seguía pensando, ¿Quién nos dice desde pequeños que deberíamos ceder el pase a los mayores?, ¿o que debemos cederle el asiento a los mismos?, ¿o que a los “grandes” no se les debe responder?, ¿o que a los grandes se les debe obedecer siempre?.
Pensé, caminé, seguía pensando en la cantidad de cosas que los “grandes” alguna vez nos dijeron o nos recomendaron hacer para ser considerados buenos chicos o buenos ciudadanos y llegué a la interesante conclusión, que son precisamente nuestros mayores los que alguna vez idearon esta forma casi egocéntrica de hacer respetar sus años a espaldas de nosotros, los jóvenes.
Pensé entonces, en asuntos como: si desde “pequeño” un “grande” dice, NO se le responde a tus mayores, esto crea en nuestro frágil cerebro una especie de muro de temor o debilidad que simplemente nos hace pensar que “los mayores siempre tienen la razón”, aunque muchas veces no siempre la tengan. Los niños casi siempre tienen el poder de sacarnos “fuera de foco” pues alguna de sus ocurrencias suelen ser tan sinceras como ciertas llegando e incluso a ser a veces tan sinceras como realmente hirientes, pero si desde pequeños se nos dice que no debemos responder, objetar y solo dedicarnos a aceptar, ¿En qué momento podremos escuchar las cosas vistas desde su inocente y limpia óptica?.
Pensé también en el famoso, cede el paso en la vereda a tus mayores, y me preguntaba, ¿Qué pasa si un niño de 9 años, guiado por las buenas conductas y valores aprehendidos por la “desinteresada sapiencia de los grandes”, me cediera la vereda por ser mayor que él y uno de estos animales disfrazados de choferes, arrasara con su vida por “educadito”, valdría la pena que por la educación, vista y juzgada desde la egocéntrica óptica de un adulto, un niño que tiene toda una vida por delante y es además el proyecto de vida de sus padres pierda la vida?.. visto de este modo, ¿No sería más noble que nosotros viejos, adultos y ya recorridos en algo por los caminos de la vida, protejamos la vida de los pequeños, de aquellos que son nuestro futuro?, ¿No es más humano e inteligente que yo, por ejemplo, Walter de 25 años le ceda la vereda a un niño, primero porque es niño y no ha vivido aún muchas cosas, segundo porque precisamente por ser niño necesita la protección de un mayor, mas no su exposición al riesgo de vida por el simple hecho de yo ser “grande” o “viejo” para él?.
Y qué hay del: cede el asiento a tus mayores, nosotros viejos con las pompas aplastadas de llevar años de años sentados, simplemente aprovechamos nuestra condición de “viejos mayores” para decirle a cualquier pequeño o menor, cédeme al asiento. Pensaba en qué “cómodo” para un viejo, llegar a un lugar equis, encontrar todo lleno y decirle a un menor: hijo, cédeme el asiento. Qué tal si ese pequeño o menor se amaneció para tener un asiento o simplemente hizo un esfuercito, que el viejo por ser viejo no lo hace, para sentarse. ¿Qué comodón es llegar y exigir algo en aras de la edad, mas no por el esfuerzo que se haya hecho verdad?.
Y así muchos otros asuntos, que me ayudaron a concluir, en que este mundo realmente está hecho por los adultos, por los grandes, por los mayores, precisamente pensando en ellos mismos, en el engrandecimiento de su egocéntrica inteligencia y basada ésta en la continua sumisión de las nuevas generaciones que vendrán. ¿Qué tan distintas serían las cosas si pensáramos no en función de nuestra veterana edad sino, al contrario en función de la protección y la salvaguarda de la vida y la felicidad de nuestros chicos?.
Así somos de “doble cara” muchas veces, actuamos por allí diciendo o aduciendo que nuestros chicos, hoy son malos, porque simplemente atentan contra el egocentrismo del auto beneficio de aquellos por los que el tiempo ya ha pasado. En adelante ¿Qué le parecería más cuerdo y menos egoísta?, que un menor le ceda la vereda, o que usted en un acto de inteligencia y grandeza, haga lo contrario porque busca proteger la vida y la integridad de una criatura que tiene mucho mas por vivir y probablemente sepa aprovechar su vida mejor que usted?, o ¿Qué considera más inteligente en la formación de un niño, pedir su silencio porque a un adulto se le “respeta” y no se nos debe responder o sería más inteligente escuchar la opinión de alguien con la inocencia y óptica de un mundo distinta a la nuestra?, ¿Qué hay con nosotros que fuimos criados de esta forma?, ¿Repetiremos la “inteligencia egocéntrica de nuestros grandes” o intentaremos cambiar las formas para bien de nuestros pequeños?
un viejecito pasó a mi costado, mi instinto de buen ciudadano y la buena crianza recibida por mis padres me hizo ”cederle la vereda” al jorobado sujeto que pasaba por allí, de pronto un vehículo público conducido por un burro, pues de otra forma no se le puede llamar a semejante animal, con el perdón de todos los burros del mundo, pasó como a diez centímetros de distancia de mi cara, casi casi montado a la vereda.
Después de agradecerle al de arriba que mi “acto de generosidad” no haya terminado de forma fatídica, comencé a pensar, ¿si hubiera sucedido algo?, ¿habría valido la pena que a mi edad desaparezca de la faz del planeta por darle preferencia a la vida de una persona de más de ochenta años que ya vivió toda una vida y los más probable, dicho sea de paso es que tal vez y esté buscando no seguir mucho tiempo por aquí?
Seguí avanzando y seguía pensando, ¿Quién nos dice desde pequeños que deberíamos ceder el pase a los mayores?, ¿o que debemos cederle el asiento a los mismos?, ¿o que a los “grandes” no se les debe responder?, ¿o que a los grandes se les debe obedecer siempre?.
Pensé, caminé, seguía pensando en la cantidad de cosas que los “grandes” alguna vez nos dijeron o nos recomendaron hacer para ser considerados buenos chicos o buenos ciudadanos y llegué a la interesante conclusión, que son precisamente nuestros mayores los que alguna vez idearon esta forma casi egocéntrica de hacer respetar sus años a espaldas de nosotros, los jóvenes.
Pensé entonces, en asuntos como: si desde “pequeño” un “grande” dice, NO se le responde a tus mayores, esto crea en nuestro frágil cerebro una especie de muro de temor o debilidad que simplemente nos hace pensar que “los mayores siempre tienen la razón”, aunque muchas veces no siempre la tengan. Los niños casi siempre tienen el poder de sacarnos “fuera de foco” pues alguna de sus ocurrencias suelen ser tan sinceras como ciertas llegando e incluso a ser a veces tan sinceras como realmente hirientes, pero si desde pequeños se nos dice que no debemos responder, objetar y solo dedicarnos a aceptar, ¿En qué momento podremos escuchar las cosas vistas desde su inocente y limpia óptica?.
Pensé también en el famoso, cede el paso en la vereda a tus mayores, y me preguntaba, ¿Qué pasa si un niño de 9 años, guiado por las buenas conductas y valores aprehendidos por la “desinteresada sapiencia de los grandes”, me cediera la vereda por ser mayor que él y uno de estos animales disfrazados de choferes, arrasara con su vida por “educadito”, valdría la pena que por la educación, vista y juzgada desde la egocéntrica óptica de un adulto, un niño que tiene toda una vida por delante y es además el proyecto de vida de sus padres pierda la vida?.. visto de este modo, ¿No sería más noble que nosotros viejos, adultos y ya recorridos en algo por los caminos de la vida, protejamos la vida de los pequeños, de aquellos que son nuestro futuro?, ¿No es más humano e inteligente que yo, por ejemplo, Walter de 25 años le ceda la vereda a un niño, primero porque es niño y no ha vivido aún muchas cosas, segundo porque precisamente por ser niño necesita la protección de un mayor, mas no su exposición al riesgo de vida por el simple hecho de yo ser “grande” o “viejo” para él?.
Y qué hay del: cede el asiento a tus mayores, nosotros viejos con las pompas aplastadas de llevar años de años sentados, simplemente aprovechamos nuestra condición de “viejos mayores” para decirle a cualquier pequeño o menor, cédeme al asiento. Pensaba en qué “cómodo” para un viejo, llegar a un lugar equis, encontrar todo lleno y decirle a un menor: hijo, cédeme el asiento. Qué tal si ese pequeño o menor se amaneció para tener un asiento o simplemente hizo un esfuercito, que el viejo por ser viejo no lo hace, para sentarse. ¿Qué comodón es llegar y exigir algo en aras de la edad, mas no por el esfuerzo que se haya hecho verdad?.
Y así muchos otros asuntos, que me ayudaron a concluir, en que este mundo realmente está hecho por los adultos, por los grandes, por los mayores, precisamente pensando en ellos mismos, en el engrandecimiento de su egocéntrica inteligencia y basada ésta en la continua sumisión de las nuevas generaciones que vendrán. ¿Qué tan distintas serían las cosas si pensáramos no en función de nuestra veterana edad sino, al contrario en función de la protección y la salvaguarda de la vida y la felicidad de nuestros chicos?.
Así somos de “doble cara” muchas veces, actuamos por allí diciendo o aduciendo que nuestros chicos, hoy son malos, porque simplemente atentan contra el egocentrismo del auto beneficio de aquellos por los que el tiempo ya ha pasado. En adelante ¿Qué le parecería más cuerdo y menos egoísta?, que un menor le ceda la vereda, o que usted en un acto de inteligencia y grandeza, haga lo contrario porque busca proteger la vida y la integridad de una criatura que tiene mucho mas por vivir y probablemente sepa aprovechar su vida mejor que usted?, o ¿Qué considera más inteligente en la formación de un niño, pedir su silencio porque a un adulto se le “respeta” y no se nos debe responder o sería más inteligente escuchar la opinión de alguien con la inocencia y óptica de un mundo distinta a la nuestra?, ¿Qué hay con nosotros que fuimos criados de esta forma?, ¿Repetiremos la “inteligencia egocéntrica de nuestros grandes” o intentaremos cambiar las formas para bien de nuestros pequeños?
Desaparecer…
Desperté un día de estos con la sensación de querer desaparecer, ojo, no con el pensamiento suicida de querer morir, sino, simplemente con la idea de desaparecer por lo menos por unos días y poder apreciar o ver de forma espiritual, fantasmal o como se le quiera llamar, a la gente a la que amo, los cambios o la influencia que uno pudiera haber tenido, tiene o tendría en la vida de los demás, entre otras cosas.
Comencé a analizar, postrado en mi cama, ¿Qué pasaría si desapareciera? , lo primero que se me vino a la mente es que mucha gente tal vez y ni lo note, otros pocos se regocijarían y revolcarían cual puercos probablemente de alegría al saber que no estaré mas con ellos, pero probablemente muchas otras personas también entristecerían.
Pensé en muchas personas, entre los felices, los tristes y los inherentes. Pero también pensé en aquello que como persona estoy haciendo para quedar, al menos retratado en la mente de algún otro ser humano.
Soy el firme creyente en la teoría que señala que nuestro paso por esta vida siempre se da por algo, y que el de arriba nos envía a este mundo con un objetivo, objetivo del que muchas veces nos desviamos o del que simplemente no llegamos ni a imaginar por la simple y maldita dejadez, esa hija de p…ereza que nos ata y nos condena muchas veces a no hacer algo por nosotros mismos, seguir siendo nada, y vivir tranquilos y felices con nada.
Pensé también en algún hecho trascendental que haya hecho que hasta el día de hoy mi vida haya valido la pena, obviamente muy a parte de los logros o cualquier otro asunto que puedan ser motivo de orgullo y/o de vergüenza para mis padres. Lamentablemente no hallé respuesta alguna.
Leí una frase alguna vez que decía por allí que: tal vez y para el mundo no significamos nada, pero tal vez y para alguien realmente somos todo un mundo. Recordando esta frase y mezclándola con mi deseo matutino de desaparecer, llegué a la conclusión de que realmente cada uno de nosotros es todo un mundo complejo. Camino por las calles y cada persona que observo a simple vista o con intención, simplemente es un mundo completamente diferente al mío. Cada rostro distinto e infinitamente diferente uno del otro, cada una de nuestras complejas mezclas genéticas que nos reúnen en una misma raza a la que nosotros autodenominamos humanos, pero que a la vez se subdividen en pequeñas estructuras que terminan dañando el íntegro del complejo bloque social al que deberíamos permanecer.
La muerte es fácil, inmediata, dulce, tranquila duradera, apaciguadora, y creo que hasta placentera; pero, ¿la vida?, la vida tenemos que vivirla y sobre todo aprender constantemente de ella. Vivir en este mundo no es algo fácil y muchas veces se nos torna un poco más difícil de lo normal. Y es que lo rico de estar vivo es precisamente eso, saber que acá la sufres, saber que acá la gozas, saber que acá la haces, saber que acá la pagas, saber que todo aquello que hagas tendrá un repercusión tarde o temprano, saberte vivo y sentirte vivo es parte de haber aprendido a estarlos.
Podemos desaparecer en cualquier momento de esta vida, podemos desaparecer en cualquier momento de la vida de los demás, o puede que otros desaparezcan por nosotros o desparezcan para nosotros, también, que sería mucho aún peor. Lo importante aquí es que creo que algún día todos llegaremos a desaparecer.
Tal vez y lo elijamos, tal vez y lo elijan por nosotros, tal vez y simplemente se dé, pero lo que si podemos elegir en este juego de ruleta y azahar en el que se nos presenta la vida, es de qué forma desparecer. Puedes desaparecer siendo alguien, puedes desaparecer siendo nadie o simplemente puedes desaparecer porque simplemente no quieres estar en un lugar equis, porque no te place soportar asuntos, porque no te gusta lo que quieres, porque no amas lo que estás haciendo, porque no estás a gusto con tu entorno, puedes querer desaparecer por cansancio, por agotamiento, o porque simplemente así lo quieres.
Sin embargo, la vida está para vivirla, la vida está para rompérnosla, la vida está para gozárnosla, y comérnosla. Después de todo ya aparecimos aquí, y aunque parezcan o aparezcan otras cosas más siempre, debemos tener claro que nuestro momento para desaparecer será tan solo cuando no tengamos nada útil, humano y espiritual por dar, por enseñar, por compartir, por transmitir y por hacer…
jueves, 3 de noviembre de 2011
Sucede que…
Sucede que un día te despiertas y te das cuenta que el tiempo ha pasado, que las cosas que querías hacer realidad hasta ese momento por razones ajenas a ti no se han cumplido. Sucede que la vida te atrapa en su monotonía y sin darnos cuenta caemos en ella con absoluta comodidad.
Sucede que algún día todos los problemas te caen a la vez y sientes que el mundo es pequeño, que la vida a veces no tiene mucho sentido o que simplemente aquel día, no fue tu día. Sucede que a veces tomamos conciencia de las cosas que hacemos bien y de las que hacemos mal, y decidimos cambiarlas pero sucede también que muchas veces solo quedamos en el intento.
Sucede que a veces llega alguien a tu vida para cambiarla definitivamente, pero sucede también que justamente esta persona a la que tienes mucho que agradecerle se te va. Sucede que la vida a veces nos parece injusta y no recuerdo hasta ahora que me haya parecido lo contrario en un momento de felicidad.
Sucede que a veces crees tenerlo todo un día, solo para darte cuenta al día siguiente que en realidad no tienes nada, sucede que a veces nos da ganas se nos hincha el pecho de alegría y orgullo por algo sin embargo al segundo se desvanece ese sentimiento por alguna razón.
Sucede que muchas veces culpamos a terceros de nuestros actos, solo por la cobardía de no asumir las consecuencia de los mismos; sucede que muchas veces pensamos que nuestra vida hubiera sido distinta si nuestros padres hubieran sido distintos; sucede que no llegamos a alcanzar muchas veces la conciencia necesaria para darnos cuenta que nuestra vida es nuestra y que por ese mismo motivo, todo lo que acontezca en ella es nuestra responsabilidad.
Sucede que a veces te pasas la vida buscando a alguien sin darte cuenta que ese alguien siempre estuvo a tu lado. Sucede que muchas veces renegamos de nosotros mismos por cosas que seguimos haciendo mal, sucede que un día despiertas, otra vez, solo para darte cuenta que estás haciendo las cosas mal y decides cambiar de manera radical.
Sucede que un día crees que te enamoras de alguien, pero luego conoces a otra persona y esta otra te hace cambiar de opinión, sucede también a veces que te enamoras solo y de la persona equivocada lo cual llega a ser a veces un proceso muy doloroso de finiquitar.
Sucede que a veces la gente arribista te engaña se ciñe a ti cual sanguijuela solo con el único objeto de obtener algún beneficio de tu parte. Sucede que existen muchos amigos que realmente no lo son.
Sucede que a veces la vida se encarga de darte una patada en el trasero, de hacerte caer con una llave china y de agarrarte a golpes hasta dejarte inconsciente, solo para hacerte saber que pasar por encima de ella no es nada fácil. Sucede también que muchas veces no sabemos comprender que la perra vida nos quiere enseñar todo eso de muchas miles de formas.
Sucede que a veces miro al espejo y no me gusta el rostro que veo al frente, no por cómo se vea, sino por el ánimo que lleva, sucede a veces que no me acuerdo de muchas cosas que algún momento consideré importantes pero que la memoria se encargó de borrar.
Sucede que a veces entro a alguna tienda por ropa y precisamente la que más me gusta es la que no me entra, sucede que a veces también hacer dieta pero termino tragando luego peor que lagarto. Sucede que algunos amigos reniegan de sus padres, sin embargo tengo otros que lloran por no tenerlos. Sucede también que a veces tenemos proveedores con disfraz de padres, sin embargo hay muchos padres que jamás aceptarán el papel de proveedor que están cumpliendo.
Sucede que la vida da muchas vueltas y el destino se encarga de hacernos todas, pero toditas las cosas que hacemos en este mundo; sin embargo sucede también que existe gente consciente de esto pero poco o nada les interesa.
Sucede que hay en el mundo de todo un poco, gente buena y gente no buena, gente humana y gente no humana. Sucede que la tele se me hace aburrida y no encuentro en ella algo digno de ver o que me entretenga realmente sin caer en la vulgaridad en la que se han convertido todos los programas que hasta hoy he podido ver. Sucede que a veces me aburro de la comida y pienso que si a mis 25 años ya me aburrió lo que como, aún me queden probablemente si o probablemente, unos 25 años mas comiendo lo mismo, viendo lo mismo y sintiendo lo mismo.
Sucede que muchas cosas afectan nuestra vida, sin embargo la afectación de las mismas depende de cómo las asuma cada cual, sucede que hoy quise escribir este artículo y sucede también que si llegó hasta acá se habrá enterado que llego a su final.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






